Los World Skate Games ASU26 se despidieron de Paraguay entre contrastes. La cita mundialista dejó imágenes de entusiasmo, competencia y proyección internacional, pero también atravesó inconvenientes organizativos que empañaron parte de su desarrollo, especialmente en los últimos días.

Las dificultades no deben minimizarse ni quedar fuera del balance. Sin embargo, reducir el legado del evento a sus tropiezos sería desconocer una de sus principales oportunidades: sembrar el interés por el deporte en una nueva generación.

La historia de Leo Ojeda es un ejemplo. Con apenas 9 años, el pequeño patinador integró el Team Paraguay en Roller Freestyle Street, una disciplina que combina equilibrio, velocidad y destreza para ejecutar trucos sobre ruedas. Su participación en una competencia mundialista representa un paso importante en su formación y, al mismo tiempo, expone una realidad que merece atención: el talento infantil necesita condiciones para desarrollarse, espacios adecuados para entrenar y una estructura que permita convertir la motivación en continuidad deportiva.

Estudiante de la Escuela Dr. Facundo Insfrán, Leo llegó al patinaje acompañado por su familia, sus amigos y sus entrenadores, entre ellos Giovanni Vicencini, quien lo orientó desde sus primeros pasos en la rampa. El acercamiento a esta disciplina surgió después de que sus padres buscaran una actividad para canalizar su energía. Lo que comenzó como una alternativa terminó llevándolo a representar al país en uno de los principales acontecimientos internacionales del patinaje.

“Su talento es innato, tiene muchísima destreza para el roller teniendo una corta edad. Lo que empezó como una actividad para canalizar su energía terminó con él siendo parte de un mundial”, recordó su madre, Yessica Benítez.

Pero el valor de esta historia no se limita a la experiencia individual de un niño que vistió los colores nacionales. Su participación también abre una discusión sobre lo que debe ocurrir después de que se apaguen las luces de una competencia internacional. Los grandes eventos pueden despertar vocaciones y acercar disciplinas poco conocidas al público; el verdadero desafío consiste en ofrecer oportunidades para que ese primer contacto no quede en una experiencia aislada.

Del espectáculo a las oportunidades

El joven patinador Leo Ojeda tuvo su incursión en el Mundial de Patinaje en nuestro país.
El joven patinador Leo Ojeda tuvo su incursión en el Mundial de Patinaje en nuestro país.

La familia de Leo tiene una aspiración concreta: que la visibilidad alcanzada por el Roller Freestyle durante los World Skate Games se traduzca en la apertura de una escuela y en la incorporación de más niños a esta disciplina.

“Nuestro anhelo es que después de este mundial se pueda abrir una escuela de Roller Freestyle, donde más niños puedan sumarse a este hermoso deporte y, de esta forma, que sea más conocido y crezca”, expresó Benítez.

El pedido va más allá de una iniciativa familiar. Expone una necesidad para el desarrollo del patinaje nacional: generar espacios de formación, facilitar el acceso a entrenadores y equipamientos, y sostener procesos que permitan a los chicos practicar con seguridad y proyectarse hacia nuevas competencias. La exposición internacional sirve de impulso, pero no reemplaza la planificación ni la inversión que requiere una disciplina en crecimiento.

Édgar Ojeda, padre del joven deportista, también destacó el efecto de la cita mundialista en la difusión de este deporte y la respuesta del público. “El mundial hizo conocer muchísimo el deporte. Hay que apoyar y generar más competidores nacionales para que puedan surgir y esto tenga un alcance nacional”, sostuvo.

Esa es una de las cuentas pendientes que deja el evento. Si Paraguay fue capaz de recibir una competencia de semejante magnitud, el siguiente paso debe ser aprovechar esa experiencia para fortalecer la práctica local. La promoción no puede agotarse en las jornadas del campeonato ni depender exclusivamente del entusiasmo de las familias y del esfuerzo de los propios atletas.

Un legado que empieza a los 9 años

Para Leo, la experiencia tuvo un significado que trasciende los resultados deportivos. “Representar a mi país fue algo muy difícil de explicar, una sensación única. Fue un orgullo ser parte del Team Paraguay y representar al país”, contó.

El pequeño también encontró en el patinaje una oportunidad para hacer amigos, superar temores y compartir experiencias con deportistas de otros países. “Yo recomiendo bastante este deporte, es demasiado divertido. Los World Skate Games y el Roller Freestyle me permitieron conocer muchísimos amigos, incluso de otros países”, relató.

Sus sueños incluyen conquistar medallas, seguir progresando y animar a otros chicos a subirse a los rollers. Son objetivos propios de un deportista que recién comienza, pero también representan la posibilidad de ampliar la base del patinaje paraguayo si encuentra el acompañamiento necesario.

Los inconvenientes de los últimos días de los World Skate Games ASU26 forman parte de un balance que debe analizarse con seriedad. No corresponde maquillarlos ni permitir que se repitan. Pero tampoco deberían eclipsar historias como la de Leo, que muestran el potencial educativo, social y deportivo de una competencia internacional cuando consigue despertar vocaciones.

La verdadera medida del legado de ASU26 no estará únicamente en las medallas, la infraestructura utilizada o la cantidad de países participantes. También dependerá de cuántos niños se animen a practicar patinaje, de las oportunidades que encuentren para hacerlo y de la capacidad de las instituciones para acompañarlos.

A sus 9 años, Leo Ojeda ya vivió la experiencia de representar a Paraguay en un mundial. Ahora, su familia sueña con que muchos más puedan recorrer ese camino. La semilla está plantada; el desafío es que no quede abandonada cuando termine el espectáculo.

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