Tres personas, entre ellas, un guardia de seguridad, murieron este lunes en un tiroteo en el Centro Islámico de San Diego, la principal mezquita de la ciudad del Sur de California.
Los dos atacantes también fallecieron, dijo la policía. Eran adolescentes, cuyos cuerpos sin vida hallaron los agentes a varias cuadras del lugar de los hechos, en un automóvil cerca de la mezquita, según declaró en una conferencia de prensa Mark Remily, agente especial a cargo de la oficina del FBI en San Diego. Scott Wahl, jefe de la policía de San Diego, afirmó después que se habían suicidado.
No está aún claro cuáles fueron sus motivaciones, aunque las autoridades investigan el tiroteo como un “crimen de odio”, señaló Wahl, que también explicó que los agentes respondieron a las informaciones que un pistolero activo alrededor del mediodía (hora local, nueve más en la España peninsular). También, que, al llegar, encontraron a tres personas sin vida. Posteriormente, localizaron a los dos sospechosos muertos.
Según The New York Times, los investigadores hallaron escritos islamófobos en el vehículo. Antes del tiroteo, uno de los dos sospechosos cogió un arma de fuego de la casa de sus padres y dejó una nota de suicidio, según señalaron los funcionarios que hablaron de forma anónima con el Times, que también contaron que las palabras “discurso de odio” estaban escritas en una de las armas utilizadas en el ataque.
El Centro Islámico de San Diego es una mezquita, pero también alberga una escuela. Su director, el imam Taha Hassane, se mostró este lunes “indignado ante el ataque a un lugar de culto”. “Es un momento de dolor, un momento de tristeza. Nunca antes habíamos vivido una tragedia como esta. Y en este momento, lo único que puedo decir es que enviamos nuestras oraciones y nos solidarizamos con todas las familias de nuestra comunidad”, declaró Hassane.
El ataque del lunes es el último de una serie de atentados contra instituciones religiosas en Estados Unidos, lo que ha motivado que se refuercen las medidas de seguridad en torno a esos centros. En marzo, un hombre atacó una sinagoga, que también albergaba una escuela primaria, a las afueras de Detroit. Estampó su camión contra el edificio, lo que provocó un incendio. Murió después en un enfrentamiento con los guardias de seguridad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró a los periodistas en la Casa Blanca que estaba informado del tiroteo. “Es terrible”, dijo Trump sobre el ataque a la mezquita. Otras personalidades de la política nacional, como el gobernador de California, Gavin Newsom, también se interesaron públicamente por el incidente.
Brian Sánchez, un joven que vive frente a la mezquita relató por teléfono a EL PAÍS que los primeros disparos se escucharon a las 11:41. “Estaba en mi cuarto, acostado, cuando oí cinco o seis balazos. Mi papá estaba afuera. Luego fueron otros 10, seguidos de 10 más. Y por fin, otros cuatro balazos. Minutos después escuchamos las sirenas de la policía. Fueron muchos disparos”, contó Sánchez, que no pudo ir a trabajar, porque la policía acordonó el vecindario.
