Las primarias del Partido Laborista están aún muy lejos en el horizonte, pero los dos candidatos que ya han dejado claro su voluntad de participar en ellas no quieren perder ni un minuto para comenzar a hacer campaña. El exministro de Sanidad, Wes Streeting, ha sacado ya de la chistera el fantasma que persigue a la izquierda británica desde hace una década, al sugerir que el Reino Unido, “algún día, deberá volver a incorporarse a la Unión Euoropea”.
Ha sido una declaración ambigua, porque lo que realmente promete Streeting es “una nueva relación con la UE”, para poder corregir “un error catastrófico que dejó al país más pobre, con menos poder y con menos control sobre su futuro. No podemos seguir en silencio respecto a este asunto”, ha dicho. Arrancaba con esa declaración el mayor aplauso de todos los diputados que habían acudido a escucharle en la conferencia organizada por Progress, un centro de pensamiento afiliado al Partido Laborista que crearon en su día los protagonistas del Nuevo Laborismo de Tony Blair. Streeting no disimula su adhesión a esa corriente moderada de la izquierda (que sus críticos prefieren denominar el “ala derecha” del partido), pero confía en que su carisma, su capacidad de comunicación y los intentos de los últimos meses por seducir a los diputados más escépticos sobre su mensaje y sus intenciones acaben dando fruto.
Hasta ahora, Streeting se resiste a confirmar si dispone de las ochenta firmas de compañeros del grupo parlamentario necesarias para poder activar un proceso de primarias. Pero tampoco es el momento. Streeting dio su respaldo, nada más anunciar su dimisión el pasado miércoles, a que el laborismo se diera el tiempo necesario para que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, favorito de las bases según todos los sondeos, pudiera obtener un escaño y regresar al Parlamento, condición imprescindible para poder pelear por el liderazgo del Partido.
El Comité Ejecutivo Nacional ya ha dado permiso al alcalde para presentarse en la elección parcial (by-election, en la jerga política británica) de Makerfield, al noroeste de Inglaterra, que debería celebrarse a mediados de junio aproximadamente. Burnham sabe que ese escaño, a pesar de que el laborismo lo ganó fácilmente hace dos años, hoy es más complicado de reconquistar.
La ultraderecha de Nigel Farage, que arrasó en esa zona del país en las elecciones municipales de Inglaterra del pasado 7 de mayo, se ha conjurado para cerrar el paso al alcalde y derrotarlo en las urnas. Pero Burnham sabe que no tiene tiempo que perder, y su campaña por el escaño de Makerfield es ya también la campaña por el liderazgo del Partido Laborista, sea cuando sea que se celebren esas primarias. “Tenemos que utilizar esta ocasión para rescatar al Partido Laborista, para salvarlo de la situación en la que se encuentra”, ha dicho Burnham a la BBC, en una crítica directa, aunque sin nombrarlo, al primer ministro, Keir Starmer. “Quiero que el laborismo sea de un modo sólido el partido de las clases y las comunidades trabajadoras, y eso va a requerir muchos cambios”, ha añadido.
Aunque Burnham no ha querido entrar de momento en la discusión sobre un hipotético reingreso del Reino Unido en la UE, que probablemente contaminaría sus bazas electorales en Makerfield y daría munición al partido de Farage, su idea sobre la relación futura con Bruselas ya la dejó muy clara en una entrevista con EL PAÍS hace dos años. “El reingreso no es ahora mismo una opción política que esté sobre la mesa. Pero confío en que las próximas generaciones, nuestros nietos, vuelvan a meter al Reino Unido en la Unión Europea”, decía entonces el alcalde de Mánchester.
Mientras Streeting y Burnham se han lanzado ya a la competición, el primer ministro Starmer, cada vez con menos apoyos en el partido y el grupo parlamentario, evita el debate directo con sus potenciales adversarios y sigue manteniendo la imagen de que su Gobierno sigue adelante. Ya ha dejado claro que, si alguien finalmente activa el proceso de primarias, también él competirá para intentar preservar su puesto. Pero mientras ese desafío no arranque oficialmente, Starmer ha repetido una y otra vez que no piensa dimitir.
