14 de mayo de 2026 a la – 10:45
En un solemne Te Deum por los 215 años de Independencia Nacional, el cardenal Adalberto Martínez lanzó duros reclamos contra la corrupción, el clientelismo y la malversación de fondos públicos. Ante la mirada imperturbable del presidente Santiago Peña y otras autoridades, la Iglesia instó a priorizar el bien común y proteger a los vulnerables en un clima de firmeza ética y compromiso democrático.
En el marco de las celebraciones por el 215° aniversario de la Independencia Nacional, se llevó a cabo esta mañana el tradicional Te Deum en la Catedral Metropolitana.
La ceremonia, marcada por una homilía cargada de reclamos sociales y éticos por parte del cardenal Adalberto Martínez Flores, contó con la presencia de las máximas autoridades del país, quienes mantuvieron una postura de solemne reserva ante las críticas eclesiásticas.
Llegada de autoridades
El movimiento en las inmediaciones de la Catedral Metropolitana inició temprano con el arribo de figuras políticas de relevancia. Uno de los primeros en llegar fue el expresidente de la República, Horacio Cartes. Al ser consultado por la prensa sobre su estado de salud, el exmandatario respondió de manera tajante: “Muchos me querían ver muerto, pero acá estoy”.
Posteriormente, el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, hizo su entrada brindando un breve mensaje enfocado en la importancia de salvaguardar la soberanía paraguaya en el contexto actual.

Minutos antes del inicio de la Santa Misa, llegó el vicepresidente Pedro Alliana, acompañado por su esposa, la diputada Fabiana Souto. Poco después, hizo lo propio el presidente de la República, Santiago Peña, pero lo hizo en solitario, sin la compañía de la primera dama, Leticia Ocampos. El mandatario ingresó bajo un estricto dispositivo de seguridad encabezado por la Escolta Presidencial y la agrupación montada Akakaraya. A diferencia de otros presentes, ni Peña ni Alliana brindaron declaraciones a su llegada.
Antes de ocupar su lugar, el presidente Peña saludó formalmente a las autoridades eclesiásticas, encabezadas por el cardenal Martínez. El inicio litúrgico estuvo marcado por la lectura de un mensaje del papa León XIV, transmitido por el nuncio apostólico, Vincenzo Turtullo.
Iglesia denunció corrupción, clientelismo y malversación de fondos públicos
En su homilía, el purpurado paraguayo habló desde las raíces cristianas de la patria hasta las deudas pendientes de la democracia actual. Martínez denunció ante Santiago Peña la persistencia de la corrupción, el clientelismo y la malversación de fondos públicos, señalando que estas prácticas degradan la ética y marginan a los más desprotegidos.

El cardenal subrayó que la independencia de los poderes del Estado no debe ser una “utopía” o un enunciado inalcanzable, sino una realidad que evite concentraciones indebidas de poder.
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En su homilía mencionó también la desigualdad social paraguaya. Mencionó que, pese a la estabilidad económica que se pregona, persisten desafíos en el acceso a la tierra, la salud, la educación y la protección de comunidades indígenas y rurales.
Martínez calificó también como “vital” garantizar la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo ético para la salud democrática. Además para las próximas elecciones municipales, instó a una contienda sin descalificaciones estériles y con una mirada puesta en las próximas generaciones, no solo en las urnas.
Reacción de las autoridades
Un punto notable de la jornada fue la reacción —o falta de ella— por parte del Ejecutivo. Mientras el cardenal Martínez enumeraba las falencias en la gestión de la justicia y la persistencia de la corrupción, el presidente Santiago Peña y los demás miembros de su gabinete escucharon el discurso con extrema atención. No se registraron gestos de incomodidad, aprobación o emociones visibles; las autoridades mantuvieron un semblante imperturbable durante toda la exposición de los reclamos.

Pese a la dureza de la homilía, el momento del rito de la paz, la solemnidad dio paso a un gesto de cercanía. Tras saludar a las autoridades presentes, entre ellas el intendente Luis Bello, Santiago Peña y el cardenal Adalberto Martínez se estrecharon en un abrazo de amistad y mantuvieron un breve intercambio privado ante la mirada de los presentes.
El servicio religioso concluyó con una invocación a la paz y la honestidad cotidiana, citando a monseñor Juan Sinforiano Bogarín: “El odio destruye, la paz edifica”.
