Europa ha emprendido un camino acelerado y controvertido en su política para expulsar a más migrantes. Un equipo de la Comisión Europea y representantes de 15 Estados miembros —entre ellos, Dinamarca, Bélgica o Suecia— se han reunido este martes con una delegación de talibanes afganos en Bruselas para avanzar en “cuestiones técnicas” sobre cómo aumentar las deportaciones a Afganistán. La reunión con los enviados de un régimen señalado por sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos, especialmente contra mujeres y niñas, ha suscitado duras críticas de las organizaciones de derechos humanos y grupos políticos de izquierda, que advierten de que la iniciativa del Ejecutivo comunitario puede legitimar de facto al régimen.
El recibimiento a los talibanes en la capital europea, rodeado de secretismo, simboliza además el endurecimiento de la política migratoria en Europa. La ONU ha definido a Afganistán como un “cementerio para los derechos humanos”, y el gesto habría sido impensable hace unos años. Pero la UE, que avanza también para crear campos deportación fuera de sus fronteras, sigue rompiendo tabúes. Es la primera vez desde que los talibanes tomaron el poder en Afganistán en 2021 que una delegación oficial del Gobierno islamista —a quien ni la UE ni ningún país comunitario reconocen como autoridad— pisa Bruselas.
La Comisión Europea ha presentado la reunión como “una oportunidad para que los Estados miembros, y sus representantes a nivel técnico, establezcan contactos”, según ha declarado un portavoz comunitario este martes.
Pero Abdul Qahar Balkhi, portavoz y director de relaciones públicas del Ministerio de Exteriores talibán, que ha liderado la delegación afgana, ha asegurado en las redes sociales que —al menos desde su perspectiva— la reunión tenía más ambiciones, incluidas conversaciones consulares. Y, sobre todo, un reconocimiento del régimen de Kabul, aunque sea implícito, que considera cumplido.
“Esperamos que este viaje abra nuevas vías para un compromiso positivo, fortalezca el proceso de atención a los problemas de los afganos residentes en el extranjero y amplíe el espacio de cooperación basado en el respeto mutuo y los beneficios compartidos”, ha escrito Qahar Balkhi en las redes sociales, confirmando así los temores de los críticos de que los talibanes celebren la reunión en Bruselas como un éxito diplomático.
Representantes técnicas mujeres
La Comisión Europea se ha mostrado visiblemente incómoda a la hora de dar explicaciones sobre un encuentro que intenta reducir a un mero “nivel técnico”; es decir, sin ninguna implicación política, según fuentes comunitarias, hecho por el cual no ha tenido lugar en la sede de la institución europea en Bruselas sino en un hotel. El Ejecutivo comunitario recuerda con insistencia que ha organizado la cita por mandato de una amplia mayoría de Estados miembros. España no ha participado, como tampoco firmó la carta en la que una veintena de Estados miembros instó a la Comisión en octubre a “explorar posibilidades de una devolución forzada a Afganistán”, poniendo énfasis en aquellas personas que “suponen una amenaza al orden público o a la seguridad nacional”.
En el grupo de representantes de los 15 Estados miembros y la Comisión había varias mujeres —como la representante de Suecia y también entre los técnicos del Ejecutivo comunitario— para participar en la reunión con los talibanes, un régimen que que ha institucionalizado la segregación de género y ha despojado a las niñas y mujeres afganas de la inmensa mayoría de derechos.
Bruselas asegura que la atención se centró en las personas que han cometido delitos graves y que representan una amenaza para la seguridad. Pero la iniciativa se enmarca en un movimiento más amplio. El pasado octubre, 20 países de la UE escribieron una carta al Ejecutivo europeo . El de este martes es el segundo encuentro físico —el primero tuvo lugar en enero en Kabul— entre el equipo de la Comisión y los talibanes.
Europa acogió a miles de personas de Afganistán que huían del regreso de los talibanes en 2021, los nacionales de ese país (entre 100.000 o 115.000 afganos piden asilo en la UE cada año) fueron a quienes más se les concedieron medidas de protección (alrededor de un 27%); sobre todo en Alemania, Francia, Austria y Suecia.
Sin embargo, ahora, cinco años después del gran éxodo, un buen número de países trata de aumentar las expulsiones a ese país, pese a las vulneraciones constantes de derechos humanos. Alemania, por ejemplo, ya ha puesto en marcha un programa por el que ha deportado a más de un centenar de afganos procesados por haber cometido delitos en el país europeo.

Bélgica, como país que alberga las instituciones europeas, había anunciado la víspera la concesión de un visado muy reducido —solo por un día y únicamente para Bélgica, excluyendo explícitamente cualquier desplazamiento por el espacio Schengen— para la misión talibán que, además del portavoz de Exteriores, incluyó a funcionarios de varios departamentos del régimen teocrático.
Un total de 15 países también han estado presentes en la cita. También por parte de estos países, todos ellos signatarios de la carta del pasado octubre, la representación ha sido a bajo nivel: según ha confirmado a este diario una portavoz de la ministra belga de Asilo y Migración, Anneleen Van Bossuyt, impulsora de la misiva. “Ni la ministra ni miembros del gabinete estuvieron presentes”, dado que se trata de “discusiones de carácter puramente administrativo y técnico”, agregó en consonancia con la línea defendida por la Comisión.
Pese a ello, países como Suecia han sacado pecho de su mediación para que la cita tuviera lugar. “Me satisface que Suecia haya sido capaz de facilitar el avance del diálogo técnico con las autoridades de facto sobre retornos a Afganistán”, ha declarado el ministro sueco de Migración, Johan Forssell.
“La capacidad de devolver a individuos que no tienen derecho legal a permanecer en el país es una piedra angular de un sistema de asilo y migración creíble y que funcione correctamente, tanto para Suecia como para la Unión Europea”, ha agregado el responsable sueco, quien en las redes sociales ha acotado que en su país, actualmente unos 200 ciudadanos afganos están a la espera de ser expulsados tras haber sido condenados por, en su mayoría, “delitos muy graves, entre ellos asesinato, violación grave, maltrato y delito grave de narcóticos”.
Desde Bruselas no se ha especificado cuántos migrantes afganos podrían ser expulsados en el marco de esta nueva cooperación con Kabul. Apuntan que la decisión de a quién se deporta es una responsabilidad nacional que las autoridades de cada país deben analizar “caso por caso”.
Denuncias de Malala
Pese a los argumentos de los países participantes en el encuentro, la cita ha vuelto a suscitar múltiples críticas de quienes temen que constituye una forma de legitimación de un gobierno que Europa se niega a reconocer y al que reprocha múltiples violaciones de los derechos más básicos, sobre todo de las mujeres, creando un “apartheid de género”, como ha denunciado nuevamente Malala Yousafzai. La joven activista pakistaní se convirtió en la imagen de la resistencia ante los talibanes cuando, a los 15 años, sufrió un intento de asesinato por defender el derecho a la educación de las niñas. Su activismo le llevó a obtener el premio Nobel de la Paz.
The EU has invited Taliban officials to Brussels to discuss a migration deal — and today I am shaken and deeply disturbed by this.
This is the same Taliban that banned girls from secondary schools and forced them into marriage. The same Taliban that, earlier this month,… pic.twitter.com/1X3tmlTxjh
— Malala Yousafzai (@Malala) June 22, 2026
“La UE ha invitado a representantes de los talibanes a Bruselas para discutir sobre un acuerdo migratorio, es algo que me consterna y preocupa”, ha dicho Malala Yousafzai en un vídeo distribuido por las redes sociales, en el que ha recordado que se trata de los mismos talibanes que, “mediante su sistema de apartheid de género, han borrado a las mujeres y niñas de la vida pública”.
“Europa no debe legitimar a un régimen responsable de una de las peores crisis humanitarias del mundo”, ha denunciado la activisa, para quien “cualquier contacto con los talibanes debe comenzar y terminar con los derechos de las mujeres y niñas afganas”. Algo que, claramente, no ha sido el objetivo de la cita en Bruselas, al menos no el prioritario, según han dejado claro todas las partes.
Las críticas también han llegado, y muy duras, desde la Eurocámara y de parlamentos nacionales. “Los talibanes no deberían ser invitados a Bruselas. Esto da pie al chantaje y la normalización”, ha advertido la eurodiputada verde alemana Hannah Neumann, que ha viajado repetidas veces a Afganistán para denunciar la situación humanitaria, sobre todo de las mujeres.
La alemana, que ha publicado en sus redes una carta abierta a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y al primer ministro belga, Bart De Wever, firmada por una docena de eurodiputadas, diputadas de varios países y antiguas parlamentarias afganas, subraya que la UE “no debería vender sus principios por acuerdos de deportación”.
En la carta, Neumann, miembro además de la delegación del Parlamento Europeo para Afganistán, rechaza los intentos de la Comisión de bajarle el nivel al encuentro celebrado en Bruselas: “Estas reuniones no son ejercicios técnicos. Cada invitación, cada visado, cada reunión oficial le da a los talibanes lo que llevan buscando desde que se hicieron con el poder: legitimidad política y reconocimiento internacional”, ha advertido.
