La participación de Estados Unidos en el sector petrolero de Venezuela se expande. El gigante estadounidense de los hidrocarburos Chevron doblará su producción en el país sudamericano en los próximos cinco años mediante una inversión de 7.000 millones de dólares (algo más de 6.000 millones de euros al cambio), según anunció este martes la compañía.
Chevron ha recibido la concesión de dos campos petroleros adicionales en la faja del Orinoco, la zona que junto con el lago de Maracaibo concentra la mayor parte de las reservas de crudo de Venezuela, de las que se calcula que son las mayores del mundo. La firma estadounidense produce cerca de 280.000 barriles diarios en la actualidad en ese país y calcula que para 2031 llegará a los 600.000 barriles, según ha indicado.
Su anuncio llega después de que Washington anunciara el pasado viernes un pacto que le permitirá controlar un 21% de las reservas de crudo venezolanas a través de una asociación con la empresa NABEP, propiedad del empresario venezolano Alejandro Betancourt. El secretario de Energía, Chris Wright, se encuentra en Caracas desde el martes por la noche para reuniones relacionadas con esa operación.
La empresa con sede en Houston es la única gran petrolera de su país activa en Venezuela, a través de una serie de compañías de riesgo compartido con la firma estatal PDVSA con las que se mantuvo operativa durante la era chavista después de que Hugo Chávez renegociara los contratos en 2007.
En declaraciones al canal CNBC desde Caracas, el consejero delegado de Chevron, Mike Wirth, aseguró que la nueva ley orgánica de hidrocarburos que ha aprobado Caracas ha hecho más atractiva la inversión en el sector, tras una serie de cambios en el sistema fiscal y de regalías. “Se ha pasado de no ser una opción muy competitiva a ser una opción muy atractiva en comparación con las que se nos presentan en el resto del mundo. Por eso estamos dispuestos a invertir un capital significativo y crecer”, explicaba el alto ejecutivo.
Otras compañías han sido más cautas sobre la posibilidad de volver a Venezuela desde la operación militar estadounidense que capturó al presidente Nicolás Maduro el 3 de enero para trasladarle a Nueva York y someterle a juicio por narcotráfico. En una reunión en la Casa Blanca el pasado enero y retransmitida por televisión, el consejero delegado de ExxonMobil, Darren Woods, llegó a describir al país sudamericano como “imposible de invertir en él”.
En parte, la operación que el Gobierno de Estados Unidos planea desarrollar con NABEP tiene como objetivo abrir el camino para que otras empresas del gigante norteamericano desembarquen en el país tutelado. Es algo que el presidente estadounidense, Donald Trump, abordó con representantes de las grandes empresas del sector en una nueva reunión en la Casa Blanca este martes.
El pacto que Trump proclamó el pasado viernes a bombo y platillo en sus redes sociales prevé que el Pentágono, a través de su Oficina de Activos Estratégicos, se haga con un 35% de la compañía. El Gobierno interino de Venezuela ha concedido a la empresa de Betancourt —investigado en Suiza y en España por posibles delitos de corrupción— los derechos de explotación de 17 campos petroleros durante un siglo. Se calcula que esos campos contienen cerca de 65.000 millones de barriles de crudo, un 21% del total de las reservas del país, estimadas en torno a los 303.000 millones de barriles.
Según el secretario de Energía, la participación del gobierno estadounidense “aumenta la seguridad y confianza en el Estado de derecho y la inviolabilidad de los contratos en Venezuela”. “Una cosa es que un gobierno expropie activos de corporaciones privadas”, señaló Wright, también en declaraciones a CNBC. “Otra muy distinta es que expropie activos que pertenecen a Estados Unidos”.
Pero la realidad es que explotar ese petróleo llevará años. Pese a ser el motor económico del país, el sector de hidrocarburos en Venezuela arrastra años de ausencia de inversiones e infraestructuras deterioradas que redujeron su producción a un millón de barriles diarios. En enero, los analistas de la consultora Rystad calcularon que hará falta más de una década y 183.000 millones de dólares para que el país caribeño recupere el nivel de producción que alcanzó en la década de los noventa. En Caracas, Wright aseguraba que hoy día ya se llega a los 1,2 millones de barriles diarios y su Administración confía en rebasar la barrera de los dos millones para 2030.
