Con guerras sin resolver tanto en su flanco este como en Oriente Próximo tras los renovados ataques entre Estados Unidos e Irán, así como el persistente conflicto israelo-palestino, los ministros europeos de Exteriores que se citan esta semana en Irlanda tienen una agenda repleta. Esta engrosará aún más con un debate que lleva meses bullendo en la “burbuja” de Bruselas, pero cuyas implicaciones van mucho más allá de los pasillos europeos: la reforma del Servicio de Acción Exterior (SEAE) bajo el mando de la alta representante Kaja Kallas, que países como Alemania quieren poner bajo una supervisión directa de la Comisión Europea que preside Ursula von der Leyen.

La tensión entre la ex primera ministra estonia y la jefa alemana del Ejecutivo europeo lleva tiempo siendo la comidilla de Bruselas, en una batalla cada vez menos soterrada por controlar la voz en política exterior de la UE.

La propia Kallas ha puesto en la agenda del Gymnich, como se llama a la tradicional reunión informal semestral de ministros de Exteriores, una cuestión que, coinciden diversas fuentes diplomáticas, preocupa desde hace tiempo a muchas capitales que consideran que hay “deficiencias que solventar” en torno a este servicio a caballo entre la Comisión Europea y el Consejo Europeo. Sobre todo cuando, con los tiempos convulsos que corren, el bloque comunitario debe hablar más con una sola voz, cosa que ahora mismo no sucede en demasiadas ocasiones. “Los ministros discutirán cómo reforzar de forma colectiva la eficacia, impacto y agilidad de la acción externa de la UE en un contexto geopolítico en evolución, incluido en foros multilaterales”, reza el programa oficial presentado por la presidencia europea de turno irlandesa y anfitriona del primer encuentro diplomático europeo tras el periodo estival. Pero ahí acaba el consenso.

Desde el propio SEAE se reconoce que se necesita una mayor “eficiencia” de todos los recursos y herramientas de la diplomacia exterior europea. Fuentes conocedoras de las negociaciones, propuestas y entresijos del servicio diplomático europeo defienden sin embargo que no se trata de poner las oficinas en uno u otro lado —el SEAE cuenta con su propio edificio, independiente de la sede de la Comisión Europea— ni de crear o recrear nuevas direcciones generales para reorganizar los servicios.

Pero hacia ahí apuntaría precisamente la última propuesta de Berlín que, apoyado por París, encabeza desde hace meses un debate que los dos países quieren llevar ahora a la cita en Irlanda para acometer una reforma mucho más profunda y que dejaría al SEAE bajo la supervisión directa de Von der Leyen, en una Comisión con la que desde hace tiempo se disputan competencias y decisiones.

Ya a finales de junio, se filtró en Bruselas un documento de trabajo de Alemania y Francia en el que se proponían tres alternativas de reforma de la diplomacia europea para evitar lo que califican de actual cacofonía diplomática: realizar bien un “cambio de rumbo de toda la política exterior hacia la Comisión” o bien un cambio de funciones del SEAE hacia el Consejo Europeo (es decir, los Estados). La tercera vía, según el documento que pudo consultar EL PAÍS, sería un “refuerzo de las funciones de la Alta Representante en el seno del Colegio” de comisarios mediante su nombramiento como primera vicepresidenta ejecutiva con “autoridad” sobre los comisarios y direcciones generales relacionadas con política exterior, comercio o ayuda al desarrollo, entre otros.

La propuesta que debería llegar a Irlanda, donde los ministros de Exteriores se reúnen desde la tarde del martes y hasta el miércoles, sería una nueva variante basada en la tercera vía que busca integrar sobre todo la parte de política exterior del SEAE en la Comisión, posiblemente como una nueva dirección general. Algo que si bien le permitiría coordinar más directamente políticas relacionadas con su rubro, también supondría, en la práctica, que Kallas, independientemente del título que se le diera, quedaría bajo la supervisión total de Von der Leyen. Ello unificaría las voces sobre la diplomacia europea, como afirman buscar Berlín o París. Pero también podría implicar la imposición de la posición de una Comisión ya muy verticalizada bajo el mando de Von der Leyen.

Algo que podría ser cuestionado por algunos de los Estados miembros. La propuesta en cualquier caso ha sido ya discutida con algunas capitales, pero no se habría lanzado aún un documento formal que especifique los detalles, por lo que la cita irlandesa se considera solo un primer paso en un debate que promete calentar el otoño europeo.

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