El oro sudamericano que hoy luce Dahiana Villalba tiene una historia que empezó mucho antes del escenario, las luces y la competencia. A los 8 años, en Sapucái, departamento de Paraguarí, ya mostraba una particular facilidad para las actividades que exigían fuerza y destreza física mientras recorría el pueblo junto a su abuela.

El deporte terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su vida, aunque el camino hacia el fisicoculturismo no fue inmediato. En su juventud, cuando viajó a España junto a su familia en busca de un mejor futuro, comenzó a entrenar de manera más seria en un gimnasio de Bilbao. Allí encontró, según cuenta, un lugar con el que se sintió identificada desde el primer momento.

“Desde el principio sentí que era mi lugar en el mundo”, recuerda.

Dahiana Villalba brilló en el escenario sudamericano.
Dahiana Villalba brilló en el escenario sudamericano.

Con el paso del tiempo, aquella afición se transformó en una disciplina competitiva. Y en 2026 llegó el premio mayor a nivel continental: la consagración como campeona sudamericana en Fit & Beauty Senior Open, una categoría que, según explica, tiene una identidad particular dentro del fisicoculturismo.

“Es una categoría muy femenina, elegante y de mucha belleza. Es nueva y no busca una exageración muscular, sino un cuerpo estético y simétrico”, señala. En la evaluación adquieren especial relevancia la proporción entre hombros, cintura y glúteos, en una combinación que busca unir el fitness con la belleza.

Nueve meses detrás del oro

Y en 2026 llegó el premio mayor a nivel continental: la consagración como campeona sudamericana en Fit & Beauty Senior Open.
Y en 2026 llegó el premio mayor a nivel continental: la consagración como campeona sudamericana en Fit & Beauty Senior Open.

El título sudamericano no fue producto de una preparación improvisada. Villalba comenzó a trabajar en enero y sostuvo durante nueve meses una rutina exigente, en la que el entrenamiento y la alimentación ocuparon buena parte de sus días.

“Fueron nueve meses muy duros y enfocados”, relata.

Su jornada comienza a las 05:00, cuando se dirige a trabajar al Top Gym, donde se desempeña laboralmente. Al terminar su jornada laboral empieza el entrenamiento, que durante la preparación llegó a ocupar unas cuatro horas diarias.

La alimentación acompaña cada etapa del proceso. Villalba realiza seis comidas diarias, aproximadamente cada tres horas, comenzando a las 06:00. Para ella, la dieta representa incluso una parte más importante que el entrenamiento.

“Es el 70% de todo. Podés entrenar horas, pero si no comés bien no hay resultado”, afirma.

Durante una preparación competitiva, además, no hay lugar para demasiadas concesiones. “En preparación dura no hay permitidos, soy muy estricta. Fuera de temporada sí me doy algún gusto, pero siempre controlado”, explica.

Y si tiene que elegir un gusto, se inclina por algo salado. Después, vuelve al plan sin culpas.

La batalla más difícil es mental

“Ser constante nueve meses sin rendirte, decirle no a salidas, tener días malos y seguir igual. La disciplina mental es lo más difícil y, a la vez, lo que más te hace crecer”, comenta la campeona.
“Ser constante nueve meses sin rendirte, decirle no a salidas, tener días malos y seguir igual. La disciplina mental es lo más difícil y, a la vez, lo que más te hace crecer”, comenta la campeona.

Más allá del esfuerzo físico, Villalba identifica otro aspecto como el verdadero desafío del fisicoculturismo: la cabeza.

“No es el entrenamiento ni la dieta, es la parte mental”, sostiene.

Mantener durante nueve meses una rutina prácticamente inalterable implica renunciar a salidas, sostener la alimentación aun en los días difíciles y continuar entrenando cuando las fuerzas o la motivación no acompañan.

“Ser constante nueve meses sin rendirte, decirle no a salidas, tener días malos y seguir igual. La disciplina mental es lo más difícil y, a la vez, lo que más te hace crecer”, resume.

Ese esfuerzo tuvo su recompensa sobre el escenario. El momento de escuchar el himno paraguayo junto al Team Paraguay fue, para ella, una de las imágenes más especiales de la conquista.

Después llegó otro festejo, esta vez en casa y junto a su familia de Top Gym.

Una familia que aprendió a entender el sacrificio

Villalba comparte su vida con su novio, Sergio Sanabria, y su hijo de 7 años, Alexander Duré. No siempre fue sencillo para quienes la rodean comprender las exigencias de una preparación de alto nivel.

“Muchos de mis allegados al principio no entendían el sacrificio que realizaba para llegar al objetivo, pero hoy están orgullosos”, cuenta.

Su carrera universitaria de Hotelería y Turismo se encuentra actualmente en pausa. La prioridad está puesta en continuar desarrollándose dentro de un deporte que, asegura, terminó transformando también su manera de verse a sí misma.

Contra los prejuicios

El fisicoculturismo femenino todavía carga con ciertos prejuicios. Villalba los conoce y los enfrenta desde su propia experiencia.

“Piensan que nos vamos a ver masculinas o que es solo físico. Para mí es todo lo contrario: es salud, disciplina, amor propio y empoderamiento”, sostiene.

En su caso, la práctica del deporte tuvo incluso un efecto que considera contrario a esos prejuicios.

“El fisicoculturismo me hizo más femenina, más segura y más fuerte mentalmente”, afirma.

Su mensaje para otras mujeres que están pensando en comenzar es directo: animarse.

“Que no tengan miedo ni vergüenza. Empiecen por salud, por sentirse bien. Busquen un buen entrenador, como yo tengo a Shaun Carrigton, un buen gimnasio y sean constantes. No busquen el resultado rápido, enamórense del proceso”.

Después de nueve meses de sacrificio y de una medalla de oro sudamericana, Villalba no piensa detenerse.

“Este oro sudamericano fue solo el inicio”.

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