La pelea sobre el presupuesto que va a marcar las políticas de la UE en los próximos siete años se está encarnizando. Las discrepancias entre los llamados frugales, con Alemania a la cabeza, que abogan por el tijeretazo, y los amigos de la cohesión, entre ellos, España e Italia, que piden más dinero, amenazan con encallar un acuerdo sobre el marco financiero plurianual antes de final de año. Todo ello, en un clima políticamente muy tenso y en vísperas de un superaño electoral que, en realidad, se adelanta con los comicios de noviembre en España. “Honestamente, no tenemos prisa. Los ciudadanos suecos no son el cajero automático de la UE”, ha lanzado el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, que aboga por el hachazo al presupuesto, este jueves en Bruselas. “Estamos con una propuesta claramente insuficiente”, ha advertido, por su parte, el presidente español, Pedro Sánchez.

El marco financiero plurianual (MFF, por sus siglas en inglés) es una declaración de prioridades políticas de la UE: marca en qué y cómo se va a gastar el dinero durante siete años, en este caso entre 2028 y 2034. La Comisión Europea presentó el año pasado un proyecto que ya contenía algunos recortes a las partidas tradicionales de la Política Agraria Común (PAC) y de Cohesión y elevaba otras que han sido señaladas como prioridad ante la situación geopolítica actual: defensa, seguridad y, sobre todo, competitividad, para ayudar a las empresas europeas en una carrera que ahora ganan por goleada Estados Unidos y China. Y sobre esa propuesta ha trabajado Irlanda (país que preside el semestre) en los últimos meses para lograr acercar posturas entre todas las capitales.

No lo ha conseguido. La plataforma negociadora que presentó Dublín el sábado pasado, con un recorte agregado del presupuesto del 8%, se queda en 1,62 billones de euros. Pero eso no gustó a nadie. A los frugales el recorte les pareció insuficiente y desequilibrado, ya que se ha cebado mucho más sobre el apartado de Competitividad que sobre Cohesión. Mientras, para los amigos de la cohesión, se recorta la ambición; y la Comisión Europea considera que se ha avanzado muy poco sobre nuevas fuentes de ingresos para este presupuesto. Tampoco ha gustado el proyecto irlandés al Parlamento Europeo.

Ahora se hace cargo de coordinar la negociación el presidente del Consejo Europeo, António Costa. “Nuestro objetivo sigue siendo lograr un acuerdo antes de fin de año”, ha señalado el portugués en la red social X. Y para lograrlo, Costa ha preparado un rally de cumbres de aquí a final de año: dos en noviembre y una más en diciembre.

La explicación de la urgencia por cerrar el acuerdo presupuestario un año antes de que entre en vigor es que estas cuentas cambian mucho la estructura sobre las anteriores y las administraciones que las van gestionar (europea, nacional, regionales) necesitarán tiempo para prepararse.

Pero hay una razón menos confesable: Francia celebra elecciones presidenciales en abril y a nadie se le oculta que con la extrema derecha en El Elíseo será mucho más difícil el acuerdo. Y después habrá elecciones en Polonia, Italia y Finlandia. Un calendario que dificulta a los gobiernos moverse de sus posiciones de partida por el riesgo de perder votos. Y eso advertía este jueves uno de los ponentes en el Parlamento Europeo para estos presupuestos, el popular Sigfrid Muresan, que apuntaba que si no hay pacto antes de acabar 2026 las opciones se cierran hasta diciembre del año que viene por el calendario electoral.

Pero esa advertencia no ha servido para que se mueven las posiciones de momento. La dura postura del sueco Kristersson era secundada por su colega de Países Bajos, Rob Jetten: “Más importante que la velocidad, es tener un buen acuerdo y no uno malo. La propuesta de Irlanda no es lo suficientemente buena como para alcanzar un acuerdo”. Suecos y holandeses son dos de los países llamados frugales, pero el líder de este grupo es Alemania y tampoco su canciller, Friedrich Merz, ha sido más optimista.

Merz, al menos, no ha presionado con el calendario. “Me gustaría que pudiéramos llegar a un acuerdo antes de que termine el año”, ha explicado, a su llegada a Bruselas, “aunque las posiciones dentro de la Unión Europea estén hoy [por este jueves] muy distantes entre sí”. El alemán sí que ha dejado claro, con media broma, que está dispuesto a intentar llegar a un pacto en 2026: “Nuestras posiciones estan muy alejadas, pero eso no significa que no podamos llegar a soluciones en noviembre y diciembre. No obstante, deberíamos meternos en la maleta unas cuantas camisas más de lo habitual para la reunión del Consejo de diciembre”.

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