La movilización ciudadana para votar este domingo en las elecciones del land alemán de Sajonia-Anhalt promete ser una de las más altas en su historia. AfD, el partido de extrema derecha, aspira a una mayoría absoluta que le daría por primera vez el poder en un Estado alemán. Está mucho en juego, tanto para sus votantes como para sus detractores, y los primeros datos de participación lo demuestran: a mediodía ya han votado un 34,7% de los 1,6 millones de personas convocadas a las urnas, muy por encima de las anteriores elecciones, en 2021, cuando a esa hora habían registrado su voto el 22,4%. En aquel año la participación llegó al 60%.

La jornada electoral discurre sin incidentes reportados, con una enorme presencia policial desde el sábado en la capital del Estado, Magdeburgo. Fuerzas del orden procedentes de otras regiones de Alemania se han instalado también en la ciudad para evitar potenciales altercados. El sábado se celebró una manifestación contra de AfD que reunió a unas 15.000 personas, según los organizadores.

“Hay que cambiar ahora o nunca, este país se va al traste”, opina Birgit, mujer de 67 años que ha votado a AfD en un colegio electoral de Magdeburgo. Tanto ella como su marido no quieren que su apellido sea publicado. Ambos dicen que votarían por la CSU, los socialcristianos bávaros, “pero como estos no se presentan en Sajonia-Anhalt, optamos por AfD”. Hay dos razones, según explican, para justificar su voto. La primera es que la sociedad es cada vez más pobre. “En la República Democrática Alemana (RDA) yo pude tener cinco hijos por la excelente red de asistencia del Estado, esto ahora es imposible”, dice Birgit, que fue profesora de guardería. Cuando se reunificó Alemania perdió el empleo y abrió un restaurante, hasta su jubilación.

La segunda razón, afirman Birgit y su marido, es el exceso de extranjeros: “Hay algunos que están bien, que trabajan y no viven del cuento, como los checos”. Preguntados si aprueban, por ejemplo, la presencia de españoles en su ciudad, admiten que no lo tienen claro. Sajonia-Anhalt tiene uno de los índices más bajos de Alemania en población extranjera, un 7% del total frente a la media del país, que es de un 15%.

Pocos minutos detrás de Birgit y su esposo ha llegado para votar Norman Smudzenski, de 42 años, ataviado con una camiseta con un logo antifascista. Solo precisa que votará por la izquierda y que el resultado ideal de la jornada es que, cuantos más partidos superen la barrera del 5% de los votos, el mínimo para ganar un escaño, más fragmentado estará el parlamento regional y por tanto menos opciones de gobernar tendrá AfD y su candidato, Ulrich Siegmund. Las encuestas han dado hasta un 43% del sufragio a favor de los radicales, rozando lo que sería una mayoría absoluta en escaños.

Si AfD no obtiene la mayoría absoluta de diputados es probable que una alianza del resto de partidos dé apoyo al candidato de la CDU, Sven Schulze, para revalidar la presidencia del land. La extrema derecha ha centrado sus últimos días de campaña en pedir una alta participación para evitar que el llamado cordón sanitario vuelva a dejarlos fuera del poder.

El problema sería poner de acuerdo a los democristianos de la CDU y al partido de izquierdas Die Linke, rivales enconados. “La CDU no es ninguna solución”, añade Smudzenski, “durante esta legislatura han llevado a cabo políticas antisociales que solo han hecho que dar la razón a AfD”.

Este ingeniero, casado y padre de dos niñas, avisa que el aumento de fuerza de la extrema derecha no es una realidad solo en la Alemania del Este sino en todo del país. “Viví 10 años en Stuttgart, en el oeste, en Baden-Wurttemberg, y allí AfD no deja de crecer, y cuantas más empresas se cierran por la crisis industrial, más votos reciben”, dice Smudzenski, “la situación en Sajonia-Anhalt llegará al Oeste, es cuestión de tiempo”.

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