Cuando Judy Oyama comenzó a patinar, en la década de 1970, eran pocas las mujeres que se animaban a desafiar un mundo dominado por los hombres. Más de cinco décadas después, a sus 67 años, sigue sobre la tabla, derribando barreras y demostrando que la pasión no entiende de edades ni de límites.
Su presencia en los World Skate Games ASU2026 convirtió a Paraguay en protagonista de un capítulo especial de su extensa trayectoria. En las pistas de Asunción, incluida la exigente geografía del Cerro Lambaré, la estadounidense volvió a demostrar que competir no es solamente una cuestión de resultados, sino también una manera de celebrar una vida dedicada al deporte.
Pero hubo algo que terminó marcando su experiencia por encima de cualquier desafío técnico: el afecto recibido. “Creo que Paraguay me eligió como familia”, expresó emocionada, en una frase que resumió el vínculo que construyó con el público y con quienes compartieron esta experiencia.
Quizás Asunción haya sido el escenario de su última competencia internacional. Es una posibilidad que le añade un significado especial a su paso por el país, aunque su legado no depende de una despedida ni de un resultado. Su historia ya forma parte de la evolución del skate femenino.
Una pionera en un mundo de hombres
Nacida en Santa Cruz, California, Judy comenzó a patinar a los 13 años, con una tabla de madera que su hermano había fabricado en una clase de carpintería. Lo que empezó como una afición se transformó en una pasión que la acompañaría durante toda su vida.
En aquellos años, las mujeres tenían que abrirse camino en una disciplina en la que predominaban los hombres. En 1977, Oyama fue la única competidora femenina en el prestigioso Capitola Classic. Terminó entre las diez mejores, pero no recibió una invitación para la siguiente edición. Según los relatos sobre aquella etapa, los organizadores consideraban que ver a una mujer competir a ese nivel no resultaba suficientemente radical.
Lejos de abandonar, Judy continuó patinando y contribuyendo a abrir espacios para otras mujeres. Su trayectoria es también la historia de una lucha por el reconocimiento y por el derecho a competir en igualdad de condiciones.
La consagración llegó con el tiempo. En 2003 conquistó el título mundial de slalom y, en 2018, ingresó al Salón de la Fama del Skateboarding. La dimensión de su recorrido también quedó reflejada en el Museo Nacional de Historia Estadounidense del Smithsonian, que conserva un casco que utilizó en 1979.
A estos reconocimientos se suma su récord Guinness como la patinadora competitiva de mayor edad. Su participación en Asunción, a los 67 años, extendió una marca que simboliza mucho más que longevidad: representa la continuidad de una pasión que nunca dejó de acompañarla.
El valor de los vínculos
Fuera de las pistas, Oyama también construyó una carrera como directora de arte y diseñadora gráfica. Su trabajo estuvo vinculado a publicaciones emblemáticas de la cultura skate, como Thrasher, y a marcas de indumentaria como Hurley.
Su compromiso con el deporte tampoco termina en sus propios logros. Como cofundadora de Board Rescue, participa en una iniciativa sin fines de lucro que facilita tablas y equipamiento a niños que no cuentan con los recursos necesarios para acceder a esta práctica.
En ese compromiso aparece otra dimensión de su legado: la posibilidad de acercar el skate a nuevas generaciones y permitir que más jóvenes encuentren en él un espacio de expresión, aprendizaje y pertenencia.
También acompaña el desarrollo de la joven patinadora Leola Kahaku, una de sus protegidas. En el Mundial de Brasil del año pasado, la adolescente, de 17 años, conquistó la medalla de oro, mientras Oyama finalizó en el cuarto puesto. Más allá de la diferencia de resultados, aquella experiencia representa el paso de una generación a otra y la continuidad de un camino que Judy ayudó a abrir.
Paraguay, una huella para siempre
En los World Skate Games ASU2026, Judy Oyama encontró un público dispuesto a celebrar su historia y una comunidad que la recibió con afecto. Su experiencia en Paraguay trascendió la competencia: fue una oportunidad para reencontrarse con aquello que considera esencial en el skate, las amistades, los vínculos y la familia que se forma sobre ruedas.
A los 67 años, continúa demostrando que el deporte no se reduce a medallas, títulos o récords. También se construye con perseverancia, solidaridad y personas que acompañan el recorrido.
“Cree en ti, rodéate de quienes creen en ti y nunca dejes de hacer lo que amas”. El mensaje resume el espíritu de una mujer que desafió los prejuicios cuando pocas se atrevían a hacerlo y que hoy inspira a quienes recién comienzan.
Si Asunción termina siendo el escenario de su última competencia internacional, Paraguay tendrá el privilegio de haber formado parte de ese capítulo. Pero las leyendas no desaparecen cuando dejan de competir: siguen rodando en cada mujer que inspiraron y en cada camino que ayudaron a abrir.
