Cuando preparaba el documental Shoah, Claude Lanzmann se preguntó hasta el tormento por el desenlace del exterminio: “Siempre me han perseguido los últimos momentos de los condenados, los últimos instantes antes de la muerte. ¿Qué significaba esperar desnudo y congelado, entrar a una cámara de gas en Sobibor o Treblinka?”. Cuatro décadas después, el proyecto Memento Wien se hace ahora otra pregunta con la misma obsesión, y la sitúa en el mapa: ¿dónde comenzó todo?

Su responsable, el historiador Wolfgang Schellenbacher, se propuso ubicar en el plano de Viena los nombres de todas las víctimas del Holocausto en esa ciudad. Quiso que se conociera dónde vivían en el momento de su deportación y reconstruir sus historias, en los casos en los que hallara información, con fotografías y documentos oficiales. Se trata de una cartografía exhaustiva de 55.285 nombres y 8.109 edificios —incluidas sedes emblemáticas de la represión nazi, como el cuartel general de la Gestapo— que Schellenbacher ha compilado manualmente.

Memento Wien es una herramienta diseñada para acceder con el móvil mediante geolocalización activa (memento.wien, disponible en inglés y alemán). Mientras paseas por la ciudad, el mapa te guía igual que Google Maps, pero el destino no es un restaurante o una tienda, sino la evocación de las víctimas y del paisaje urbano de entonces, como las sinagogas destruidas durante el pogromo de la Noche de los cristales rotos.

En Europa proliferan diversos trabajos de mapeo de la memoria —archivos históricos con datos de geolocalización— como Joods Monument en Ámsterdam, Mapping the Lives en Berlín y otras ciudades continentales, o MemoMap en Praga, que de inicio plantea: ¿Te preguntas qué ocurrió en tu casa, en tu calle o en tu barrio durante la II Guerra Mundial?

Schellenbacher arrancó su proyecto vienés hace una década, nutriéndose de los archivos del Centro de Documentación de la Resistencia Austriaca (DÖW, en sus siglas en alemán), fundado en 1963 por antiguos miembros de la resistencia durante el Tercer Reich. También exploró archivos belgas y checos.

“El objetivo es poner rostro a las víctimas, crear un archivo vivo que comunique historias individuales ocurridas en nuestro vecindario y que cuentan el destino de la ciudad”, dice Schellenbacher en la sede del DÖW, un edificio barroco en el patio del antiguo Ayuntamiento de Viena. El historiador matiza que Memento Wien no es la versión digital de los Stolpersteine, las placas de latón de 10×10 centímetros que conmemoran a las víctimas de la Alemania nazi en las aceras de sus domicilios. “Nosotros quisimos incluir a todas las víctimas y documentar su última dirección conocida, que en muchos casos no era la misma que la de 1938”.

En los días del Anschluss (la ocupación alemana de Austria en 1938), Viena era una de las mayores metrópolis judías del mundo. Cerca de 200.000 ciudadanos vieneses eran clasificados como judíos según las Leyes de Núremberg, que legalizaban el racismo. Un 10% de la población total. La burocracia nazi empezó entonces una operación logística de desahucio y concentración de los judíos en reubicaciones forzosas. Gran parte de la población fue obligada a mudarse al menos una vez antes de su deportación final.

Uno de los edificios que albergaban los llamados apartamentos de reagrupamiento, antesala de los trenes que llevaban a los campos de exterminio, se encontraba en Adlergasse 4. De esta dirección salieron 55 personas rumbo a los campos. El número 19 de la calle Berggasse, donde Sigmund Freud vivió y pasó consulta durante casi 50 años (hoy un museo), también fue utilizado como vivienda de concentración de judíos. De aquí fueron deportadas 23 personas. Cuatro hermanas de Freud murieron en los campos de concentración nazis.

Junto al Canal del Danubio, Seegasse 9 albergaba la mayor residencia de ancianos de la comunidad judía. Fue el último domicilio de 952 víctimas del Holocausto, según la recopilación de Schellenbacher.

“¡Siempre echaré de menos mi hogar!“, escribió Johanna Weiss cuando tenía 18 años en una foto que regaló a una amiga cuatro días antes de su deportación. El 28 de octubre de 1941 fue conducida con sus padres al gueto de Lodz. Su último domicilio en Viena, Zirkusgasse 10, fue la última residencia de 110 personas antes de ser asesinadas.

No hace falta recorrer la periferia, una calleja apartada o el tradicional barrio judío de Leopoldstadt para encontrar a las víctimas. A Anna Strauss, vecina de la Ópera y el Albertina en Maysedergasse 1, la deportaron con 62 años al gueto de Theresienstadt en 1942 y fue asesinada en Auschwitz dos años después. A la enfermera Freide Beile Ries, de 53 años, la sacaron de su casa en Bösendorferstraße 7, una calle elegante entre el Musikverein y el Ring, para trasladarla directamente a la cámara de gas de Auschwitz.

Hildegard Lustig vivía con su hijo a las puertas de la catedral de San Esteban en Schulerstraße 1. Los deportaron en el transporte número 27 a Sobibor en la primavera del 42. Él resistió un par de meses en el campo de concentración de Majdanek, también en la Polonia ocupada. A ella le obligaron a quitarse la ropa nada más llegar, le confiscaron sus objetos de valor, la raparon y la condujeron desnuda por un pasadizo de 150 metros de largo, junto con otros 950 prisioneros, a la cámara de gas. Así lo atestiguan los documentos recopilados por el DÖW.

La foto de la cantante Herta Maringer es un documento irrepetible. La encontró Schellenbacher en el Archivo Estatal de Bruselas. La artista vienesa se muestra escotada y vestida de marinero, saludando sonriente con la mano en la visera. Había huido a Bélgica tras el Anschluss, como muchos otros judíos austriacos, y allí las autoridades de inmigración eran más relajadas con las fotos exigidas en los documentos de identidad. Esa imagen fue la que vieron luego los agentes que tramitaron su deportación a Auschwitz.

Muy conocida en su época fue la dirección de la Gestapo en el centro de Viena. La policía secreta ocupó un hotel de lujo en Morzinplatz 4, el Metropole. Era más grande que el cuartel general de Berlín y empleaba a 900 agentes. Cada día engullía hasta medio millar de personas para su interrogatorio, tortura y, con frecuencia, deportación a campos de concentración a través de la antigua entrada de reparto del hotel. Los bombardeos aliados lo redujeron a escombros y hoy solo queda un memorial.

Los convoyes se sucedieron hasta octubre de 1942, cuando el gauleiter (líder de zona nazi) Baldur von Schirach declaró Judenfrei (libre de judíos) a Viena en “una contribución a la cultura europea”. Las víctimas habían partido durante años, regularmente, de la estación de ferrocarril a los campos de tránsito, concentración y exterminio del Tercer Reich. ¿En qué momento sospecharon que esas deportaciones conducían a la muerte? “Nunca. Al menos, no en Viena”, deduce Schellenbacher.

El DÖW exhibe una exposición permanente sobre la persecución nazi en Austria. En sus archivos guarda una singular colección sobre la participación austriaca en la Guerra Civil española. Desde 1984 ha recopilado material de referencia (documentos oficiales, fotografías, cartas, artículos periodísticos y textos autobiográficos) de más de 1.400 brigadistas que se movilizaron para luchar contra el fascismo en España.

En su hazaña cinematográfica, testimonio único de los supervivientes del Holocausto, Claude Lanzmann proclamaba que Shoah abolía toda la distancia entre el pasado y el presente. Quien vive en Viena hoy puede saber cuántos de sus antiguos vecinos terminaron en los campos de exterminio.

source

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *