Tras la ofensiva relámpago que, en las últimas semanas, les ha llevado a conquistar la costa yemení del mar Rojo, los rebeldes hutíes avanzan ahora hacia las montañas Kahbub, un macizo en el suroeste de Yemen que separa la costa sur —en manos del Gobierno apoyado por Arabia Saudí— de las posesiones en el oeste del país de esta guerrilla aliada de Irán. Estas elevaciones permitirían a los hutíes asegurar sus recientes conquistas y amarrar definitivamente el control sobre la orilla septentrional del estrecho de Bab el Mandeb, crucial para el comercio entre Europa, África y Asia.
Medios locales y la cadena catarí Al Jazeera informan este martes de que los combates se están desarrollando en las provincias de Taiz y Lahij, en las estribaciones orientales y occidentales de las montañas Kahbub. “Las fuerzas gubernamentales permanecen a la defensiva tras haber perdido la zona de Bab el Mandeb, mientras que los hutíes buscan mantener el impulso de su avance, a pesar de estar expuestos a intensos ataques aéreos. Estas montañas resultarán decisivas para determinar si los hutíes logran consolidar sus recientes ganancias o si las fuerzas gubernamentales son capaces de defender las posiciones necesarias para lanzar una contraofensiva”, explica el analista Mohammed al Qadhi, citado por la agencia Reuters.
Al mismo tiempo, la toma de estas cordilleras les permitiría amenazar Adén, principal puerto del país y capital oficiosa del Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen desde que los hutíes tomaron la capital oficial, Saná, en 2014.
Desde 2022, regía un alto el fuego mediado por Naciones Unidas en este país, dividido por la guerra civil y el más pobre del mundo árabe. Con todo, eso no había impedido que, en determinados periodos, los hutíes, un movimiento islamista de la rama zaidí del chiísmo –cuyo nombre oficial es Ansar Alá o “Partidarios de Dios”–, interviniesen en conflictos regionales: con el ataque de decenas de buques comerciales entre 2023 y 2024 en el mar Rojo en represalia por la masacre israelí contra los palestinos, y, este año, con el lanzamiento de misiles y drones a Israel en venganza por los bombardeos sobre su aliado Irán.
Sin embargo, en julio, fuerzas gubernamentales atacaron el aeropuerto de Saná cuando un avión con una delegación iraní se disponía a aterrizar, lo que hizo que los hutíes diesen por rota la tregua e iniciasen una ofensiva contra el resto de Yemen, así como contra Arabia Saudí, el principal apoyo del Gobierno yemení.
En septiembre, las fuerzas de Ansar Alá avanzaron rápidamente tomando el puerto de Moca y la isla de Mayun, emplazamientos estratégicos en el estrecho de Bab el Mandeb que permiten amenazar el tráfico entre el golfo de Adén y el mar Rojo, la ruta que —a través del canal de Suez— comunica el mar Mediterráneo con el océano Índico. Esta posibilidad de bloqueo, junto a las dificultades para transitar por el también crucial estrecho de Ormuz, ha lanzado los precios del crudo al entorno de los 100 dólares el barril.
Pese a su imagen de guerrilleros en chancletas, los hutíes cuentan con sistemas armamentísticos avanzados suministrados por Irán, desde misiles balísticos a drones. Además, en un informe de riesgos publicado el 11 de septiembre, Anthropic reconoció que “una célula del norte de Yemen” había utilizado su modelo de IA Claude para desarrollar un software destinado a guiar misiles, incluyendo proyectiles balísticos e hipersónicos. “Nuestras medidas de seguridad bloquearon muchas de sus solicitudes, pero no todas”, señaló la empresa tecnológica.
Civiles desplazados
Agencias de Naciones Unidas calculan que al menos 674 personas han muerto y unas 3.000 han resultado heridas desde que se retomaron los combates en agosto, y que unas 150.000 han sido desplazadas por el avance hutí. ACNUR ha contabilizado 3.000 personas que han cruzado el estrecho de Bab el Mandeb para buscar cobijo en la vecina Yibuti, donde se estima que, de continuar los combates, podrían llegar miles de refugiados más. El conflicto también está exacerbando la crítica situación de la población, donde la ONU calcula que la mitad de los 43 millones de habitantes se enfrenta a una grave escasez de alimentos.
Desde el lunes, las fuerzas gubernamentales han enviado refuerzos a la zona de Taiz y han bombardeado las rutas de abastecimiento de los hutíes. Según el general de división Abdulaziz al Majidi, jefe de la guarnición de Taiz, se han logrado “liberar algunas áreas” en el extrarradio de esa capital provincial, afirmó la agencia yemení Saba. La agencia YPA, vinculada al otro bando, ha acusado a los bombardeos saudíes en zonas residenciales de Moca y Yauf de matar al menos a siete civiles, entre ellos mujeres y niños.
Tanto el Gobierno de Yemen como los dirigentes de Arabia Saudí están tratando de que EE UU se una a su guerra contra los hutíes, después de que, este fin de semana, la milicia proiraní atacara con misiles balísticos y drones la capital saudí, Riad, e instalaciones de la petrolera Aramco. De acuerdo con The New York Times, el presidente Donald Trump ordenó el bombardeo de las posiciones hutíes este domingo, pero canceló su orden en el último minuto, cuando los militares ya estaban armando los cazas destinados al ataque.
Asistencia británica
Otros aliados de Riad sí que han respondido a las llamadas de apoyo saudí. Los ministros de Exteriores del G7 exigieron a los hutíes que “cesen toda acción militar” en Yemen y Arabia Saudí, y pongan fin a “sus amenazas a buques comerciales”.
El Reino Unido –antigua potencia colonial en Yemen– ha ido más allá y ha confirmado el envío de una aeronave de abastecimiento de combustible en vuelo para apoyar a los cazas saudíes que participan en la “defensa” de los ataques hutíes. “Lo hacemos por razones de seguridad nacional. En tiempos peligrosos, los buenos amigos se apoyan”, explicó el ministro de Defensa británico, Luke Pollard, en una entrevista con Sky News. Una fuente diplomática francesa citada por Al Jazeera, afirmó que su Gobierno también está listo para proteger la infraestructura energética saudí de los ataques hutíes.
Pakistán también ha reafirmado su “solidaridad inquebrantable” con Arabia Saudí. Ambos países mantienen un acuerdo bilateral de defensa al que este año se ha unido Turquía: el llamado Pacto de La Meca, que pretende convertirse en una OTAN regional, pero respecto al que todavía no se ha avanzado en los mecanismos de defensa mutua. Ankara, desde luego, no tiene intención de verse arrastrada a un conflicto en la zona.
El lunes, el líder de Ansar Alá, Abdulmalik al Hutí, advirtió directamente a Estados Unidos, Turquía y Pakistán de que no se dejen “enredar por Arabia Saudí en la agresión contra Yemen”, o, de otra forma, “sufrirán las consecuencias”.
Los hutíes han avisado de que ningún buque saudí puede transitar por Bab el Mandeb y el pasado día 10 de septiembre provocaron graves daños con sus ataques al oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, con el que Riad intentaba compensar el estrangulamiento iraní del estrecho de Ormuz (crucial para la salida de hidrocarburos a los mercados internacionales). Tras días de reparaciones en la tubería, este martes, varios medios han publicado que algunas refinerías asiáticas han sido contactadas por Aramco, que les ha asegurado que “en breve” podrán volver a cargar petróleo en el puerto de Yanbu. Los clientes europeos, sin embargo, no podrán cargar hasta ya pasado octubre, debido a los retrasos en los contratos de suministro provocados por los ataques.
