En plena crisis de Ceuta, Marruecos e Israel han dado un significativo paso adelante en sus relaciones diplomáticas. Bajo los auspicios de Estados Unidos, los ministros de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Burita, e israelí, Gideon Saar, acordaron en la noche del miércoles en Nueva York la apertura formal de legaciones y el nombramiento, por primera vez , de embajadores, en lugar de las actuales oficinas de enlace, restablecidas hace seis años.
El fortalecimiento de los lazos entre Israel y Marruecos bajo el impulso político de Estados Unidos —cuyo embajador ante la ONU, Michael Waltz, estuvo presente en el acto de firma del acuerdo— da un nuevo espaldarazo diplomático a Rabat, aliado de Washington y de Israel. Ambos Estados han mostrado su cercanía hacia el país magrebí desde el inicio de la crisis migratoria en la ciudad autónoma española de Ceuta, desatada el pasado 30 de julio por la irrupción de más de 70.000 migrantes irregulares por la frontera marroquí.
Ambos países ya habían contado con oficinas de enlace hace tres décadas, antes de que Marruecos las clausurara en el año 2000 al estallar la Segunda Intifada palestina. En 2020, Marruecos fue uno de los primeros países árabes que avanzó hacia la normalización de relaciones con Israel, en el marco de los Acuerdos de Abraham impulsados por el presidente Donald Trump en los últimos meses de su primera presidencia. En contrapartida, Washington reconoció en diciembre de aquel mismo año la soberanía marroquí sobre la excolonia española del Sáhara Occidental, un gesto diplomático que propulsó el plan de autonomía presentado por Rabat en la escena internacional. Desde entonces ha sido asumido por Francia y el Reino Unido, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU; por el propio Consejo, y por España, antigua potencia administradora del territorio saharaui.
La escenificación del acuerdo de apertura de embajadas se ha producido poco después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, destacara en su discurso sobre el estado de la Unión que “la frontera de Ceuta es una frontera europea, porque Ceuta es España y Ceuta es Europa”. Rabat reclama su soberanía sobre las ciudades autónomas norteafricanas españolas de Ceuta y Melilla, a las que ha calificado de “presidios ocupados”.
Marruecos e Israel también se han comprometido a cerrar acuerdos destinados a facilitar las inversiones mutuas, así como los vínculos económicos y comerciales, y a ampliar las conexiones aéreas entre ambos países. El año pasado, la compañía israelí Arkia reanudó los vuelos directos entre Tel Aviv y Marraquech, que habían quedado interrumpidos tras el estallido de la guerra en Gaza, en octubre de 2023. Las respectivas compañías de bandera, la marroquí Royal Air Maroc y la israelí El Al, han anunciado el reinicio de las conexiones aéreas directas este otoño. Unos 200.000 israelíes viajaron a Marruecos en 2022 —en particular para recorrer los pasos de sus antepasados en el país magrebí— antes de que se suspendieran las conexiones directas.
La firma de los acuerdos entre Israel y Marruecos se ha producido tras un encuentro celebrado el martes en Nueva York con motivo del sexto aniversario de los Acuerdos de Abraham, al que también asistieron representantes de Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kazajistán. Una nota diplomática israelí difundida en la noche del jueves a través de la red social X ha anticipado visitas mutuas de responsables de alto nivel de los dos países “en los próximos meses”.
An important meeting in New York with U.S. Ambassador to the UN @michaelgwaltz and my colleague, Moroccan Foreign Minister Nasser Bourita, with whom I also held an important bilateral meeting.
We agreed on significant steps to strengthen Israel-Morocco relations: upgrading our… pic.twitter.com/1jdeUbdy6N
— Gideon Sa’ar | גדעון סער (@gidonsaar) September 16, 2026
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, ha asegurado que “los Acuerdos de Abraham demuestran que todas las barreras pueden romperse, y que se puede elegir un nuevo camino para todos, de paz y colaboración de nuestros países”. Saar subrayó que “Marruecos ocupa un lugar muy especial en esta visión (…) de reconstrucción de la amistad entre musulmanes y judíos”. Israel cuenta entre su población con cerca de un millón de judíos de ascendencia marroquí, una décima parte de sus habitantes.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reconoció en julio de 2023 la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, considerado por la ONU como “territorio no autónomo” o pendiente de descolonización. Israel se comprometió entonces a abrir un consulado en la que fue provincia española número 53 hasta hace medio siglo; mientras Rabat se mostró dispuesto a elevar el nivel de relaciones con el nombramiento de embajadores.
Tres meses después, los ataques de Hamás en Israel y la posterior ofensiva militar contra la Franja de Gaza dieron al traste con esos planes. Los vuelos directos quedaron cancelados, al tiempo que se registraban multitudinarias manifestaciones en Marruecos contra Israel en medio de acusaciones de crímenes de guerra contra el pueblo palestinos.

Maniobras militares y rearme
A pesar de que las relaciones formales quedaron prácticamente congeladas hace tres años, el alejamiento diplomático, comercial y político entre ambos países no fue óbice para que Israel siguiera participando con tropas en maniobras militares conjuntas en suelo marroquí organizadas por Estados Unidos. Tampoco para que la industria de defensa israelí reforzara el rearme de Marruecos, que se ha dotado del sistema antiaéreo y antimisiles israelí Barak MX, desplegado como cúpula de hierro del desierto en el Sáhara, con un coste de 430 millones de euros, así como con dos satélites espía Ofek 13, encargados por Rabat a Israel Aerospace Industries por 925 millones de euros para intensificar el control sobre sus fronteras.
Entre el aparato del Estado marroquí, que busca preservar los activos diplomáticos de las relaciones con Israel, y la sociedad civil, abrumadoramente indignada ante las imágenes de sufrimiento de los palestinos en la franja de Gaza, se ha abierto una profunda brecha. El propio rey Mohamed VI encabeza formalmente en el seno de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) el respaldo a la causa palestina como presidente del Comité Al Quds (Jerusalén, en árabe).
El Gobierno de Rabat se ha mostrado a favor de la solución de los dos Estados en el conflicto palestino-israelí y ha enviado ayuda humanitaria para la población gazatí, al tiempo que exigía a Israel el “cese inmediato de la guerra en Gaza” y denunciaba los ataques contra civiles “indefensos”. Pero al contrario de lo ocurrido en el año 2000 con la Segunda Intifada, Marruecos no ha cancelado en esta ocasión las relaciones con Israel, que han proseguido en un plano latente hasta el anuncio de la apertura de embajadas.
El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista), bajo cuyo mandato gubernamental se aprobó la normalización de relaciones en 2020, ha encabezado en los últimos años desde la oposición muchas de las masivas protestas populares contra Israel por su intervención militar en Gaza. En la anodina campaña para las elecciones legislativas del próximo día 23, el PJD está siendo una de las fuerzas políticas más activas. El partido islamista que encabezó el Ejecutivo entre 2011 y 2021 ha reunido de urgencia este jueves a su dirección para rechazar el estrechamiento de los lazos con el Estado judío y reiterar su oposición actual a toda normalización de relaciones.
