Ivana Monserrat Doroskevich Careaga, creció entre autos de competición, asistencias y talleres siguiendo la carrera deportiva de su padre. Hoy estudia Ingeniería Automotriz en Italia, integra el mejor equipo universitario de Fórmula Student del mundo y ya suma experiencias en el Campeonato Mundial de Rally (WRC) y en el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco. Su próximo gran objetivo es convertirse en ingeniera de un equipo oficial de la máxima categoría del automovilismo.

Para ella, el automovilismo nunca fue un deporte lejano. Desde niña convivió con el rally gracias a su padre, piloto de la disciplina, quien la llevó desde pequeña a recorrer caminos de competencia, parques de asistencia y talleres mecánicos.

Aquella pasión que nació en la infancia terminó convirtiéndose en una vocación profesional. Decidió trasladarse a Italia para estudiar Ingeniería Automotriz, convencida de que quería desarrollar su futuro en el deporte motor desde el aspecto técnico.

Sin embargo, antes de cruzar el océano, sus primeros pasos profesionales comenzaron en Paraguay.

La confianza que recibió del Touring y de la Comisión Técnica del Rally Nacional fue, según reconoce, el punto de partida de todo lo que vino después.

«Me dieron la oportunidad de aprender siendo muy joven, de equivocarme, crecer y adquirir experiencia. Esa primera confianza me permitió creer que podía asumir desafíos cada vez mayores. Siempre voy a estar agradecida porque fueron quienes me abrieron la primera puerta», afirma.

Ese proceso de formación tuvo uno de sus momentos más importantes con el Rally del Paraguay, competencia válida por el Campeonato Mundial de Rally (WRC), donde trabajó junto a un equipo integrado íntegramente por profesionales paraguayos.

La experiencia significó enfrentarse a los estándares de una categoría de nivel mundial, donde cada procedimiento debe ejecutarse con absoluta precisión.

«Fue una experiencia inolvidable. Lo más importante fue demostrar que Paraguay cuenta con profesionales preparados para organizar un evento de esta magnitud. Aprendí muchísimo observando a colegas con gran experiencia y comprendí que la preparación permanente y la atención a cada detalle son fundamentales», sostiene.

Dentro de una competencia internacional, su función como comisaria técnica implica una enorme responsabilidad.

Su trabajo consiste en verificar que cada vehículo cumpla con el reglamento técnico y con todas las normas de seguridad antes, durante y después de la carrera, garantizando igualdad deportiva entre los competidores y reduciendo al máximo cualquier riesgo para pilotos, equipos y organización.

Mientras continúa su formación académica en la Facultad Enzo Ferrari, en Italia, también integra un equipo de Fórmula Student considerado actualmente el mejor del mundo, una experiencia que le permite complementar los conocimientos adquiridos en las aulas con el desarrollo de vehículos de competición.

«En la universidad aprendemos la teoría y en las competencias vemos cómo todo eso se aplica en situaciones reales. No siempre es sencillo combinar ambas actividades, pero creo que justamente ahí está el mayor aprendizaje», explica.

Su crecimiento internacional continuó con otra oportunidad difícil de imaginar para cualquier joven ingeniera.

Tras participar en el histórico Rallye Monte-Carlo, fue seleccionada para desempeñarse como comisaria técnica durante el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco, uno de los eventos más prestigiosos del calendario mundial.

«Cuando recibí la confirmación no lo podía creer. Fue una emoción enorme, pero también una gran responsabilidad. En la Fórmula 1 todo funciona con un nivel de precisión impresionante y trabajar allí me permitió crecer muchísimo tanto profesional como personalmente», recuerda.

Aunque muchos sueñan con formar parte de una escudería específica, ella asegura que su verdadera motivación está en el trabajo técnico.

Más que un equipo determinado, le interesa desarrollarse en áreas vinculadas al rendimiento, la telemetría y el análisis de datos, disciplinas donde cada decisión puede marcar la diferencia entre ganar o perder una carrera.

«Me apasiona interpretar la información para ayudar a mejorar el rendimiento del auto. En el automovilismo de alto nivel, un pequeño ajuste o un dato correctamente analizado puede cambiar completamente el resultado de una competencia», señala.

Convencida de que el talento paraguayo tiene potencial para competir en cualquier escenario internacional, espera que su recorrido también pueda servir de inspiración para otros jóvenes.

«Ojalá mi experiencia demuestre que sí se puede. El camino no es sencillo, pero con trabajo, constancia y aprovechando cada oportunidad es posible llegar. Paraguay tiene muchísimo talento y cada vez existen más posibilidades para que profesionales paraguayos participen en competencias internacionales.»

Su meta está claramente definida.

Una vez concluida la carrera universitaria, buscará incorporarse a un equipo profesional de competición, continuar especializándose en telemetría y análisis de datos y seguir acumulando experiencia hasta alcanzar el mayor sueño de su carrera: integrar el departamento de ingeniería de un equipo oficial de Fórmula 1.

Mientras ese objetivo se acerca paso a paso, deja un mensaje para quienes creen que la distancia o la falta de referentes pueden convertirse en un obstáculo.

«Hay que animarse a salir de la zona de confort. Hace apenas un año ni siquiera imaginaba todo lo que iba a vivir. También aprendí que no hay que esperar a sentirse completamente preparado para aceptar una oportunidad. Nada llegó por casualidad: hubo muchísimo estudio, disciplina, sacrificios y tiempo lejos de mi familia. Pero hoy puedo decir que todo ese esfuerzo valió la pena.»

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