Irán ha afirmado este martes estar preparado para hacer frente a la ampliación de las sanciones de Estados Unidos, después de que Washington anunciara nuevas medidas destinadas a aislar aún más su economía. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, presentó el lunes lo que Donald Trump había descrito como un “día D económico” contra Irán y advirtió de que cualquier país que mantenga vínculos financieros con Teherán podría quedar fuera del sistema financiero basado en el dólar.

El ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, ha afirmado que su país está “completamente preparado” para afrontar las sanciones, que, según dijo, supondrán “otra derrota” para Washington. El portavoz del Ministerio de Exteriores compartió, por su parte, un burlesco mensaje en redes sociales con una imagen del expresidente estadounidense George W. Bush, junto a la afirmación de Bessent el lunes: “La etapa final comienza hoy”.

Las autoridades iraníes han prometido tomar represalias contra la ampliación de unas sanciones estadounidenses que, según confía Washington, cortarán la línea vital económica del país. Y han expresado su confianza en que sus principales socios comerciales resistirían la última campaña de presión de Trump.

El lunes, Bessent evitó imponer las sanciones más severas, como se esperaba, y dejó todo en una gran advertencia: quienes continúen comerciando con el país persa, dijo, se arriesgan a quedar excluidos del sistema financiero internacional. Se negó, sin embargo, a identificar los países que serían objeto de las medidas o a revelar cuándo entrarían en vigor las sanciones, y explicó que les daría tiempo para cumplir con la nueva directiva. El Departamento del Tesoro sí anunció nuevas sanciones contra 60 personas, entidades y buques, pero la lista no incluía a ninguna de las grandes instituciones financieras chinas sospechosas de facilitar el comercio de petróleo iraní.

Preguntado sobre por qué había evitado imponer sanciones más severas, Bessent respondió: “¿Por qué querría yo hacer estallar el sistema financiero mundial?”. Su voluntad, dijo, es dar tiempo a los países y empresas para romper sus vínculos con Irán.

Antes, Bessent había llamado a China —el mayor comprador de petróleo iraní durante varios años, aunque el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes, reactivado a mediados de julio, ha reducido ese flujo— a cooperar.

Los expertos afirman que Washington teme una represalia china si impone sanciones a sus bancos, especialmente ante las conversaciones previstas para el próximo mes entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping. Cualquier restricción a las exportaciones chinas de minerales críticos sería especialmente sensible.

Preguntado el lunes por los bancos chinos, Bessent declaró: “Queremos dejar claro hoy que nadie está fuera del alcance de las sanciones estadounidenses”. El Ministerio de Exteriores de ese país ha afirmado este martes que las sanciones y las tácticas de presión no ayudan a resolver los problemas y señaló que Pekín hará lo necesario para proteger los intereses de China.

Irán y EE UU llegaron a firmar en junio un acuerdo provisional destinado a poner fin a la guerra que comenzó con los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, pero el memorando acabó fracasando. Con todo, Pakistán, que ejerce de mediador, ha informado este martes de “un progreso significativo” en las últimas conversaciones con Teherán, centradas en medidas como evitar una nueva escalada del conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz.

Antes de conocerse las nuevas sanciones, Irán había amenazado tanto con una posible respuesta militar como con una nueva reducción de sus exportaciones de petróleo desde el golfo Pérsico —el mayor punto de partida de combustibles fósiles del planeta— en represalia ante las medidas económicas preanunciadas por la Casa Blanca. Este martes, Madanizadeh ha añadido que ni China ni Rusia han “aceptado” las medidas estadounidenses, y ha pronosticado que otros países también se resistirán a hacerlo.

Solo dos buques de transporte de mercancías atravesaron el lunes el estratégico paso de Ormuz, por el que típicamente discurría la quinta parte del crudo y el gas que consume el mundo cada día, según los últimos datos de las plataformas de navegación. Es el menor número de tránsitos diarios desde principios de mayo.

Aunque la guerra ha debilitado buena parte de la capacidad militar convencional de Irán, ha provocado graves daños económicos y ha acabado con la vida del entonces líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, Irán conserva suficiente capacidad de misiles y drones como para atacar a países vecinos del Golfo y amenazar a los petroleros que atraviesan Ormuz.

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