La anulación de las sanciones de la Unión Europea a magnates rusos que callan ante la invasión de Ucrania ya tiene precio: la liberación de presos europeos. El presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíyev, ha indultado al ciudadano francés Martin Ryan apenas 24 horas después de que París, presionada por Bakú, convenciera a sus socios del bloque para retirar de la lista de sancionados al empresario ruso-uzbeko Alisher Usmánov. Esta intercesión animó a su vez a Luxemburgo a pedir el perdón para el magnate Mijaíl Fridman, vinculado a los supermercados Dia y que había llevado a juicio al pequeño país centroeuropeo por congelar sus activos.
La justicia azerí condenó a Ryan a 10 años de prisión el pasado marzo por supuesto espionaje. Tanto el Gobierno francés como el detenido negaron estos cargos. No obstante, París siguió negociando su liberación y la de otro detenido francés, pero Bakú exigía a cambio el levantamiento de las restricciones a Usmánov, según han revelado tres fuentes diplomáticas europeas a la agencia Reuters.
Finalmente, la Unión Europea publicó este martes la prórroga de sus sanciones contra Rusia sin Fridman ni Usmánov en ellas; horas después, Alíyev dejó libre a Ryan junto a otras dos decenas de indultados más.
El presidente de la república caucásica justificó esta medida de gracia en “la personalidad, la salud y la situación familiar de los condenados, la gravedad de sus delitos, la duración de sus condenas y su comportamiento en prisión”.
Los dos multimillonarios abandonan así una lista que incluye a unos 3.000 ciudadanos y organizaciones de Rusia. Como compromiso, el bloque decidió este martes que prorrogaría el listado tres años más en vez de los seis meses habituales hasta ahora.
“La decisión de excluir a Usmánov y Fridman de la lista de personas protegidas es vergonzosa e injustificable. Moscú lo celebra”, ha declarado el ministro de Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha.
“Los oligarcas son parte de la maquinaria de guerra de Rusia. No se debe permitir que las carteras del régimen se sientan cómodas en Europa”, ha enfatizado el primer ministro letón, Mindaugas Sinkevicius. Su país fue el último en resistirse a levantar las sanciones a los magnates.
Usmánov, de 73 años y origen en la extinta República Socialista Soviética de Uzbekistán, es uno de los hombres más ricos de Rusia. A diferencia de los que se enriquecieron con las privatizaciones de los años años noventa postsoviéticas, el magnate comenzó su carrera fundando una planta de plásticos y una empresa de tabaco tras salir de la cárcel en los ochenta por un caso que la Corte Suprema de Uzbekistán declaró como “fabricado” en su contra en 2000. Después dio el salto a la banca, la minería y las telecomunicaciones bajo el holding USM. Entre sus participaciones figuran supuestamente la operadora MegaFon y el Facebook ruso, vKontakte (VK).
El magnate, como la inmensa mayoría de empresarios rusos, ha guardado silencio sobre la invasión de Ucrania. El presidente ruso, Vladímir Putin, le ha concedido varias condecoraciones, entre ellas la Orden de Honor, la Orden al Mérito por la Patria, la Orden Alexánder Nevski, y otras distinciones del Kremlin y del Ministerio de Exteriores ruso.
El empresario también sostuvo una agria disputa con el disidente Alexéi Navalni hace diez años que un tribunal moscovita zanjó a favor de Usmánov. Según la Fundación Anticorrupción (FBK) del opositor (envenenado en prisión, según la autopsia europea de sus muestras), el magnate había donado presuntamente miles de millones de rublos a una sociedad del expresidente ruso Dmitri Medvédev. Usmánov acusó a Navalni de “ignorante” en un intercambio de acusaciones público, y un tribunal del distrito de Liublinski ordenó la retirada del documental.
“Resulta que para Europa no importa si apoyas la guerra o no, si eres amigo de Putin o te opones a él. Al final, parece importar mucho más cuánto dinero tienes en tus cuentas bancarias”, ha lamentado la viuda de Navalni, Yulia Naválnaya, en su perfil en X.
La opositora ha denunciado la doble vara de medir europea: “Si eres rico, posees un par de yates y tienes las conexiones adecuadas, parece que las sanciones pueden levantarse sin demasiados problemas. Pero si huiste de Rusia con poco debido a la persecución política porque no apoyas la guerra, la historia es diferente: pueden negarte el visado, rechazarte una cuenta bancaria y empujarte de vuelta al sistema de Putin. Y, encima de eso, acusarte de apoyar la guerra”.
