Señales mixtas sobre el futuro de la guerra en Irán, en la Asamblea General de Naciones Unidas. Representantes de Estados Unidos, encabezados por los enviados de Donald Trump Steve Witkoff y Jared Kushner, se han reunido este martes con el ministro iraní de Exteriores, Abás Aragchí, en la primera cita entre las dos partes de la que se tiene noticia desde el fracaso del acuerdo de paz provisional pactado en junio. Simultáneamente, y en su discurso en el cónclave internacional, el inquilino de la Casa Blanca reiteraba sus periódicas amenazas de “aniquilar” al país enemigo si no se llega a un acuerdo

Trump ha adoptado en esta Asamblea la misma actitud contradictoria que ha exhibido en los siete meses de guerra: al tiempo que amenaza con desatar un apocalipsis contra el régimen en Teherán, evita llegar a mayores y mantiene contactos diplomáticos. Mientras insiste en que no tiene en cuenta en absoluto la proximidad de las elecciones de mitad de mandato, las saca a relucir una y otra vez para asegurar que el estrecho de Ormuz, clave en el comercio de petróleo mundial, está abierto y cada vez lo atraviesan más buques cargados de petróleo y gas, y por tanto van a estabilizarse los precios del combustible.

Esta vez ha confirmado la celebración de un encuentro entre sus representantes —su yerno, Jared Kushner, y su enviado para conflictos, Steve Witkoff— e Irán a través de mediadores. La reunión, ha afirmado, duró más de tres horas y fue “muy buena”. Está prevista una segunda “en un futuro próximo”, señalaba durante un encuentro con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. A su vez, los medios estatales iraníes han asegurado que el ministro de Exteriores de su país, Abás Aragchí, encabezó la delegación de Teherán y entregó a los estadounidenses una lista de condiciones para reabrir Ormuz.

Irán había asegurado a comienzos de esta jornada que está dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta su bloqueo sobre los puertos iraníes.

La situación en el golfo Pérsico y el doble frente abierto —el estrecho de Ormuz y la ofensiva de los rebeldes hutíes contra Arabia Saudí y para tratar de hacerse con el control del acceso al mar Rojo— en torno a la península arábiga fue el gran asunto que el presidente estadounidense abordó este martes en una reunión multilateral con países de Oriente Próximo, desde Turquía hasta Arabia Saudí. También estaba presente el presidente sirio, Ahmed al Shara.

En otra reunión previa, con el primer ministro británico, Andy Burnham, Trump había reconocido la existencia de contactos. “Quieren hablar con nosotros. Han estado hablando con nosotros, incluso hoy han estado hablando con nosotros”, declaró. “Pero no les podemos dejar, y ellos lo entienden, no les podemos dejar tener un arma nuclear”.

Apenas un par de horas antes había vuelto a plantear la perspectiva de arrasar el país enemigo. Ante los líderes mundiales reunidos en la Asamblea General, nada menos. Ante el mayor símbolo global del multilateralismo. “Tengo una gran decisión que tomar”, apuntaba: o llegar a un acuerdo con Irán o “aniquilar la República Islámica y hacerlo rápido, para no darles nunca más la oportunidad de matar y destruir a pueblos y países”. Aun así, ha llamado al resto de los países a aislar económicamente a Irán y ha asegurado que, si eso ocurre, el precio de los hidrocarburos bajará drásticamente.

La agenda de Aragchí en Naciones Unidas no parecía la del ministro de un país aislado. El jefe de la diplomacia iraní se ha visto con sus homólogos del Reino Unido, Italia, Austria, Qatar y Azerbayán, además de la representante europea de política exterior, Kaja Kallas.

Los detalles de un acuerdo para poner fin a las hostilidades con Washington pueden negociarse a través de mediadores en Nueva York, según había subrayado a primeras horas de la mañana un alto funcionario iraní que forma parte de la delegación que ha viajado a Estados Unidos para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas y al que ha citado Reuters. La propuesta de Teherán, siempre de acuerdo con esta fuente, fue transmitida a Estados Unidos por intermediarios el pasado miércoles.

“La Asamblea General de Naciones Unidas es una oportunidad de oro para que Estados Unidos vuelva a la diplomacia”, ha afirmado el funcionario, que añadió que Teherán acogería favorablemente la reanudación de la vía diplomática si Washington adopta medidas concretas. “EE UU tiene que anunciar que quiere resolver la cuestión por la vía diplomática, hacerlo oficialmente y después acordar un calendario sobre cómo avanzará el proceso”. La delegación iraní en Nueva York tiene plenos poderes para reactivar la vía diplomática.

La mera posibilidad del encuentro se dejó sentir por la mañana en el precio del petróleo, con el barril de referencia en Europa cayendo tres puntos porcentuales —pasó de subir un 1% a bajar más de un 2%— y rondando los 98 dólares, dejando atrás la barrera de los 100. A esa bajada, que sin embargo se corrigió parcialmente con el paso de las horas, también contribuyó la noticia de que Arabia Saudí se prepara para retomar las exportaciones desde el puerto estratégico de Yanbu, en el mar Rojo.

El presidente iraní, Masud Pezeshkian, que partió de Teherán este martes por la mañana, no tiene previsto reunirse con Trump. Sin embargo, tanto el magnate republicano —el domingo— como su secretario de Estado, Marco Rubio —este martes—, se han mostrado dispuestos a sentarse con la delegación de la República Islámica en Nueva York.

El sábado pasado, el secretario de Seguridad Nacional de Irán aseguró en una entrevista con el medio catarí Al Jazeera que las condiciones de su país para negociar un acuerdo eran “el fin de la guerra en todos los frentes, la liberación de nuestros fondos congelados y el fin del bloqueo naval”. Y aclaró que estos puntos fueron transmitidos a EE UU con Qatar como mediador.

Un día después, el mando central militar de Irán afirmó haber sido informado de que Estados Unidos se estaba preparando para reanudar las operaciones militares con el apoyo de países de la región y advirtió de que ello provocaría una represalia de Teherán “sin limitaciones ni consideraciones”.

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